viernes, 20 de mayo de 2011

Incredulidad

- “No me lo puedo creer,
no me lo puedo creer”.
A mis años,
pegando carteles del PP.

- “No me lo puedo creer,
no me lo puedo creer”.
Si yo de joven objeté
a la mili y al paté.



















- “No me lo puedo creer,
no me lo puedo creer”.
A estas alturas,
la gaviota en la urna
metí la última vez.

- “No me lo puedo creer,
no me lo puedo creer”,
que a mí me pase
lo que a Agustín
y a tantos otros del pce,
del psoe y hasta de la ort.



















- “No me lo puedo creer,
no me lo puedo creer”.
Si yo canté y me manifesté
contra la otan, las bases,
y otras causas demodé.

- “No me lo puedo creer,
no me lo puedo creer”,
exclama el laico pater
untado por la cccp
cada vez que nos ve.

Que fue el propio credo
el que me hizo descreer
cuando era obligatorio merecer
con ruedas de molino
sin redondel.














Antes que ser monaguillo
de hoz y martillo
o de hisopo sonrosado,
prefiero ser descreído,
pero atento ciudadano.

Desde entonces
cantar y coser,
según mi criterio
me da a entender
sin carnet, sin dios,
ni siglas ni señor.

Mujtadí soy de secano
en este piélago
de corsarios,
berberisco por morisco
antes desterrado.

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