lunes, 11 de octubre de 2010

Las moscas de Valdeavero








Si se pusiese un idiota
en una noche de luna
a contar una por una
las luces que el cielo brota;
o la mar, gota por gota,
o las flores que el campo cría,
¡por todos los infiernos!,
muchos miles contaría,
pero son más todavía
las moscas de Valdeavero.

Ni el mismísimo Job excusado,
el más paciente entre los santos,
ni aquel Escorial que el rey mandó
construir en pinar tan serrano,
ni las municipales viviendas
de construcción inminente,
ni el alcalde y sus desafueros,
ni el termómetro a 80º fundentes
la paciencia han puesto más a temple
que tus moscas, Valdeavero.











Si un hombre trincado hubiera
todo el capital y acciones
de una anónima sociedad
y la implacable Hacienda gubernamental
lo prendiera y declarar tuviera,
¿qué multa o sanción obtuviera?
¡Yo nada más temiera que el inspector
no entre las llamas del recaudador averno
por favor lo arrojaría, que le entregaría
a tus moscas Valdeavero!

No hay recinto, momento ni alimento,
ni piel libre o embadurnada de ungüentos,
no hay siesta sin duermevela molesta
por tu alada e insectívora insistencia
que ni el propio Machado rimar pudiera,
sin que desde el infante al abuelo,
del orto al ocaso o al nocturno sueño,
no determine la procedencia
y procure sempiterna presencia
que tus moscas, Valdeavero.












Y yo, si el Poder eterno
hoy me pusiera a escoger
entre dos horas arder
en las llamas del infierno,
o mecerme en mi hamaca
mientras zumban y aterrizan
entre pringues y ensaladas,
sobre helados y dulces lamineros,
a las llamas ciento y mil veces
me entregaría con mejor agrado
que a tus moscas, Valdeavero.

(Rendido homenaje a Las pulgas de Popayán)

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