viernes, 30 de abril de 2010

Que yo no tengo nada que ver



Que no se confunda usted;
haber cómo se lo explico bien;
si aunque yo hable con él,
no se vaya usted a creer,
que yo no tengo nada que ver;
bastante me toca con conocerle,
del cole, los niños y alguna vez,
creo recordar, que traté con él;
nada sin importancia que pueda
temer la consideración de usted.
Fíjese, le voy a ser sincero
por una vez: a mí me utilizan
de carnero para arremeter
contra ésta y aquél,
con lo bien que me cae usted
y lo mal que me cae él.
De verdad, créame si le digo
que donde usted se ponga
que se quiten cientos como él.
Pero aún así todavía veo
que de mí duda, buena mujer,
pues no logro deshacer
su suspicacia y malquerer,
cuando soy todo a sus pies,
beso sus manos
y hasta el culo también.
Perdone usted la confianza,
pero vale más su elevada prestancia
que la dignidad del que justo demanda;
todo sea por su más agraciada gracia,
palabras y maneras de tanta enjundia
que a usted tanto sustancian.
Pero señora, entiéndalo bien,
que ya me duele
la boca de contárselo
a medio pueblo
por enésima vez,
haber si entera, coño,
de una puta vez,
que yo no soy de ese partido
ni amigo de aquél
para que no me contrate usted.

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